Es una lástima que la Copa Mundial de fútbol se dispute este año en el Amerikastán de Donald Trump, además de en Canadá y en México. Pero no es una novedad. La FIFA parece sentir una cierta atracción por los regímenes inquietantes, o directamente repulsivos. Nos vienen a la mente los casos recientes de Rusia (2018) y Catar (2022). Y el de la dictadura de Jorge Videla en Argentina (1978). Recordamos menos, por lejano, el Mundial fascista de la Italia de Mussolini (1934).