La discriminación no siempre se manifiesta en actos abiertos de violencia. Con frecuencia adopta formas sutiles, repetidas y normalizadas: miradas de desconfianza, comentarios descalificadores, oportunidades negadas sin explicación, trato desigual sistemático. Cuando estas experiencias se vuelven parte constante del entorno de una persona, su impacto trasciende lo social y se inscribe profundamente en la salud mental. Este fenómeno puede comprenderse a la luz del trauma complejo.