El Mundial de la FIFA deja goles, atajadas y polémicas. Pero para México, la lección más dura no estuvo en el marcador, estuvo en el vestidor. Una vez más comprobamos que el talento individual no basta. Sin trabajo en equipo, sin una estrategia clara y, sobre todo, sin un objetivo compartido, no se llega a ningún lado. Vimos once jugadores en la cancha, pero no siempre vimos un equipo. Se corrió mucho, se sudó la camiseta, pero cada quién por su lado.