La palestina Nariman Salem Irheem, de 20 años, se pasó meses enviando correos electrónicos y mensajes de WhatsApp a las universidades españolas a las que tuvo acceso para que alguien la “escuchara”, mientras los bombardeos no cesaban en su ciudad, Gaza, y los apagones se sucedían en el hospital en el que a veces podía conectarse. Pensó en España, porque buscaba un “entorno” que la comprendiera, en el que se viviera con “libertad y seguridad” para continuar formándose.