Un día de mayo de 2024, Gisèle Pelicot cambió de opinión. Durante tres años y medio había lidiado con lo impensable: su esposo la había drogado y abusado sexualmente de ella —a veces dos o tres veces por semana durante casi una década— y había invitado a por lo menos 72 desconocidos a violarla. En ese momento, ella no tenía conocimiento alguno de lo que estaba ocurriendo y, cuando finalmente supo la verdad, no recordaba nada de los hechos.