Hacer amigos se está poniendo cada día más raro. Uno no se aclara entre colegas o seguidores. Entre quienes vemos regularmente y quienes están ahí, al otro lado de la pantalla, pero rara vez llegan a romper la barrera de la fisicidad. Desde que se atisbó la posibilidad de satisfacer las ambiciones relacionales en el universo digital, parece que lo de convertir desconocidos en amistades, cara a cara, cuerpo a cuerpo, suena sospechoso.