El 27 de diciembre de 1936, al ser llamado para la ejecución, Francisco González de Córdova hizo una última petición a sus captores: ser el último en morir. Así, podría confesar y bendecir al resto de sus compañeros. Este párroco de Santoña tenía 48 años cuando fuerzas republicanas acabaron con su vida a bordo del navío Alfonso Pérez, convertido en cárcel frente a la costa de Santander. Concedida esa última voluntad, nadie le salvó de su trágico final.