Me sitúo en el centro del laberinto para percibir el choque brutal entre el relato (la obra de teatro que se nos vende) y la física de la realidad (los intereses económicos y el tablero geopolítico). Como "infiltrado consciente", percibo que para entender el caos que se manifiesta en este mundo tridimensional, teniendo a Venezuela como espejo, hay que subir el nivel de observación y mirar el guion completo, no solo las escenas que nos distraen.