El hongo que genera la explosión atómica se eleva como un árbol inmenso para aniquilar en un instante todo rastro de vida. El milagro se produjo en Hiroshima, ocho meses después de aquel tétrico agosto de 1945, cuando de los restos calcinados de lo que había sido un ginkgo magnífico, en el mismo centro de la desolación, surgió un brote verde y vivo. Este árbol y sus retoños se han convertido desde aquel momento en el símbolo de la paz y de la vida.