Nunca es el gobierno en turno, los contratos opacos a los amigos de los hijos, ni mucho menos, la corrupción sistémica. El descarrilamiento del Tren Interoceánico del Istmo de Tehuantepec, que costó la vida de 14 personas y dejó decenas de heridos el 28 de diciembre de 2025, debería ser una llamada de alerta sobre el grado de supervisión y responsabilidad en las grandes obras públicas.