En los últimos meses unas cuantas empresas tecnológicas, las de siempre propiedad de los de siempre, han invertido grandes cantidades de capital provenientes de opacos endeudamientos en sus proyectos de Inteligencia Artificial. Esto huele a burbuja que tira para atrás. Algunos profesionales de la economía ya han advertido de que, si los beneficios prometidos no llegan más pronto que tarde, Wall Street va a temblar. Es tal la fiebre por la IA que ha llegado hasta nuestro humilde territorio.