Su frase quedó flotando en la maraña de una rueda de prensa tenebrosa. Fue el día que Pedro Sánchez visitó al Papa en el Vaticano, para preparar la visita a Madrid y, justa y casualmente, poco antes de que Isabel Díaz Ayuso también acudiera al Vaticano, un viaje anunciado mucho antes que el del presidente del Gobierno, interesadísimo de repente por el Obispo de Roma.