Pero a Bellingham se le cambió la cara de alegría cuando escuchó lo que había dicho su entrenador, el alemán Thomas Tuchel, nada más acabar el encuentro. «Pues vale, me da igual», respondió un Bellingham visiblemente molesto, todavía con el sudor en la cara, después de haberse desfondado en una tarde de bochorno, con cuarenta grados de sensación térmica, cuando le contaron las críticas de Tuchel. «Ha sido muy difícil jugar ahí hoy.