En la región de Anatolia Suroriental, a 1.500 kilómetros de Estambul y poco menos que equidistante de los abrazos fluviales del Tigris y el Éufrates, la localidad de Mardin, cuyos aledaños son fronterizos con Siria e Irak, se instituye, para unos, en el tesoro secreto de Turquía; para otros, en la ciudad dorada y, para el común de sus visitantes (ya sean nacionales o foráneos), en una mirada por completo insólita sobre un milenario, multiétnico y profuso legado histórico a cielo abierto,...