Pienses lo que pienses del alcohol, hay que reconocer que es muy versátil. Desde que los primeros humanos empezaron a machacar fruta y a dejarla reposar en vasijas para bebérsela unos días después, hemos recurrido a él para celebrar y compartir nuestras penas, para lidiar con la ansiedad y para potenciar nuestra creatividad. Lo usamos para ganar confianza y acabar con el aburrimiento, para ponernos de humor para salir y para dormir (aunque no sea lo ideal).