Como alguien que tuvo la oportunidad de trabajar durante la administración del presidente Barack Obama, aprendí una lección fundamental sobre política: los pueblos no votan únicamente por ideologías. Votan por momentos históricos. En 2008, Estados Unidos no eligió simplemente a un demócrata. Eligió una ruptura. Después de años de guerras, crisis económicas y cansancio político, millones de estadounidenses sintieron que Washington necesitaba un cambio profundo en tono, liderazgo y dirección.