“Nueva Córdoba rompió hace años la noche”, dispara un empresario que fue el responsable de lugares míticos de la capital. “Te dan unas pizzas, después corren las mesas y se baila. Un descontrol”, remarca. Las voces no quieren dar su nombre. Pero todos trabajan de noche, o en la noche cordobesa. El caso Agostina Vega y, por consiguiente, el bar Wachitas profundizó una crisis oculta dentro de los controles municipales en los comercios nocturnos.