Varios años atrás, empecé a preocuparme por la posibilidad de que mi ropa contribuyera a mi depresión. Había subido de peso durante la pandemia, y comprar ropa en línea para mi nueva figura resultaba costoso y consumía mucho tiempo. Cuando encontraba una prenda que resultaba cómoda pero no lucía bien, o tenía esos bolsillos inútiles y poco profundos —dos nudillos de fondo, del ancho de una llave—, me repetía que no importaba. ¿Acaso las mujeres de mediana edad no son invisibles de todas formas?