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Articles by La despedida
La carrera - Marcelo Birmajer - Zenda
Natalio regresó a su casa cabizbajo. Había cerrado por última vez la zapatería. Cotejando el pago de los servicios —luz, agua, el casi nulo gas que usaba, el ABL (Impuesto de Alumbrado, Barrido y Limpieza en Buenos Aires)—, los últimos arreglos habían sido mucho más fatigosos que lucrativos. Tampoco lo ayudaba su vista. Parte de la clientela se había mudado de barrio. Le quedaba el local para vender, ahorros, una renta, parte de una herencia aún intocada.
El padre secreto
La lectura de libros tiene en mi memoria un efecto dominó, pero en sentido retrospectivo: no son fichas que van cayendo, sino escenas emergentes de mi pasado; como un troquelado o un teatro de sombras chinas. La más reciente novela de Jorge Fernández Díaz, El secreto de Marcial, ganadora del Premio Nadal 2025, desató en mi magín reflexiones y escenas. Mitos y recuerdos. Recuerdos inventados. ¿Por qué, como en su novela, nuestro padre siempre es un secreto?
La fugitiva - Zenda
Aunque el sargento Sanders la apodó por el resto de su vida “la fugitiva”, tanto en las reuniones con sus pocos amigos argentinos —en el bar de la calle Florida—, como en la taberna de Indiana donde se reunía con sus ex camaradas y cazadores de patos; nunca nadie supo a ciencia cierta si María Luján Crepes huía o no de la lúgubre noticia de la muerte de su esposo, Evaristo Crepes.
La poción mágica
Inusualmente llegaba al despacho de Borgovo un cliente imprevisto: Alejo Flur, un cincuentón tardío, barbicano, completamente calvo, la mirada curiosa y algo extraviada. Le preguntó a Borgovo si podía fumar. El detective amateur abrió ambas ventanas de su despacho de la calle Posadas, le rogó que se alejara lo suficiente y asintió. —Conviví hace veinte años con una mujer llamada Inés —comenzó Alejo—. Nos amamos profundamente, durante un tiempo.
Una cultura milenaria
En mi única visita a Lima me sorprendió el cultor de la empanada argenchina, en un local de la parte colonial de la ciudad. Era de esos ancianos que conservan una vitalidad asombrosa, sin ocultar los signos de la edad. Iba y venía del mostrador, daba amablemente órdenes a los camareros, supervisaba las reservas y las mesas. Había pocos clientes. La vedette del menú era esa empanada de carne criolla macerada en salsa tamarindo.
La última clase - Marcelo Birmajer - Zenda
El profesor Baldomero ingresó al aula del colegio secundario público de la avenida Rivadavia para dar la última clase de Matemáticas de su vida. Eran las 8 de la mañana del último viernes del ciclo lectivo. El siguiente lunes, en el boletín oficial, por resolución ministerial, las Matemáticas dejarían de ser materia obligatoria.
La obra mayor - Marcelo Birmajer - Zenda
Imagen de portada: Hilas y las ninfas, John William Waterhouse, Manchester City Art Galleries Gaetano caminaba con oculta indecisión. De su paso patizambo habitual, mirada perdida, gesto hosco, cabeza bamboleante, no podía deducirse la zozobra que nublaba su alma. El Monarca le había mandatado pintar el mural de la casa conyugal donde consumaría el matrimonio con la joven doncella. El reino suponía que aquella sería la obra mayor del experimentado artista.
La mujer de su vida - Zenda
Pegoraro no era naturalmente dado a creer en las pitonisas. Pero esa adivina había acertado. ¿Cómo podía saber que Pegoraro disponía de un puesto rutero, que lo atendía al paso? Suponiendo que de eso se hubiera enterado, por la fuente que fuera. Incluso así: le había anticipado el futuro. Pegoraro vivía en Conesa, Provincia de Buenos Aires. Su madre había fallecido tempranamente. Pegoraro creció y se hizo adulto trabajando el campo con su padre. Dos hombres solos, prácticamente dos gauchos.
La danza y la lluvia - Zenda
Cuando estaba por marcharme de Tel Aviv, como si la ciudad intentara demostrarme que era capaz de llover —la lluvia en esta ciudad mediterránea es casi un mito—, una breve garúa veraniega me acompañó durante una cuadra. Parecía uno de esos dibujitos animados en los que la nube y el rayo persiguen al protagonista. Lluvia para uno. Me detuve en un bar, para tomar el último jugo antes de pasar por mi habitación, retirar las valijas y partir para el aeropuerto.
El invitado imprevisto - Zenda
Yo era más joven de lo que nunca recuerdo haber sido, y me sentía más viejo incluso que ahora. Habitaba la bohardilla en un onceavo piso del barrio de Once. Desde una ventana sucia, a menudo transpirada, por las noches divisaba un sector de la ciudad que no existía.
El jurado - Zenda
Nunca tendría que haber sido jurado. El ser humano, en general, no está preparado para emitir veredicto. Pero mucho menos yo. ¿Cómo fue que me contrataron para dar una conferencia en Miami? Un malentendido. La gente estaba relajada, feliz, segura. El océano marcaba el ritmo, las palmeras se mecían. Todo lo contrario de mi existencia. Mi mera presencia allí era una caricatura.
Westfalia II - Zenda
Ver, optativamente, Westfalia, publicada en esta misma columna. Antonio Valadares recapituló su vida en Europa. Había llegado a Westfalia, Munster, Alemania, prácticamente como muchacho de compañía de Greta, la dama, de 40 años por entonces, cuando Antonio contaba 25. La había conocido a los 20, como camarero en el bar de Recoleta del que Greta era habitué. “Yo tuve veinte años”, escribió el poeta Paul Nizan, “no permitiré decir a nadie que es la mejor edad de la vida”.
El número - Zenda
Tadeo retiró el número verde del artefacto. Era un almacén de chacinados en Curupa, Provincia de Buenos Aires. Le habían hablado maravillas del embutido del pueblo. Todo le sonaba mal: chacinado, embutido, del pueblo. Pero se había ausentado más de la cuenta, en aquel viaje comercial, y su esposa le había pedido específicamente esa reliquia artesanal, como el impuesto obligado en alfajores que paga el viajero a Marpla.
La risa - Zenda
La sala de espera del dentista ha de ser lo más parecido al Purgatorio: los agnósticos percibimos en la realidad aquellas instancias metafísicas en las que nos negamos a creer. Era el odontólogo particular de mi confianza —como diría Mirtha Legrand—, pero en esa recepción de un ambiente, confortable, pequeña y calefaccionada, faltaban las revistas de interés. Había terminado el libro, no porque tardaran mucho en atenderme, me quedaban pocas páginas.
Apariencias - Zenda
Evaristo Ladar, actor entre vocacional y profesional, de oficio apicultor, había perdido su lugar en el elenco de la obra Wilde en Wilde, de Mario Costeguto, en el teatro municipal Ricardo Rojas, a mediados de 1983, en las vísperas de la recuperación democrática y el punto álgido del teatro independiente argentino, apuntalado por Teatro Abierto y sostenido por centenares de salas, privadas o estatales, a lo largo y ancho de la ciudad.
Westfalia - Zenda
Las circunstancias por las cuales Antonio Valadares, argentino, mozo de un bar de la Recoleta, había llegado a vivir durante 15 años en Munster, Westfalia, Alemania, resultaban tan sencillas o extraordinarias como el observador quisiera considerarlas. Durante un lustro, había atendido en Buenos Aires, en la misma mesa, llevando el mismo pedido, a Greta, apodada en su fuero íntimo La Dama —tuvo ocasión de revelárselo en el primer encuentro íntimo, precisamente—.
El pasaje secreto
Gudanz nació en Ulán Bator, de padres argentinos: Ramiro y Diana. Habla el español a la perfección, con un acento exótico. Diana, gerenta operativa de una empresa multinacional procesadora de alimentos, fue selecta para manejar la planta de la capital de Mongolia. Ramiro aceptó el desafío. Ya llevan 14 años viviendo en el Asia. El parto de Diana en tierras del Kan, dos años después de haberse instalado, resultó para la pareja una festiva confirmación de que habían tomado la decisión correcta.
La paloma de Troya
La reunión de intercambio de ideas sucedía en el piso 25 de un rascacielos mexicano, rodeado de un aire polucionado, propio de una maldición azteca, uno de esos eclipses precolombinos con cuya predicción, convertida en designio, los por entonces amos del Norte del continente sometían al resto de las tribus. Ducase había crecido en una Buenos Aires en la que el edificio más alto, el Hotel Sheraton de Retiro, contaba hasta 24.
El canario (y II)
Resumen de la Primera Parte: A los diez años, mientras sus padres viajan por el mundo como músicos, Batsheva es cuidada por la señora Filomena, cuyas más preciadas posesiones son un canario y un portarretrato con la foto de un novio que nunca regresó. Batsheva se obsesiona con liberar el canario, y le deja abierta la ventana a su compañero de colegio Andrés para tal fin. Pero el canario aún está en su jaula, y falta el portarretrato.
El Canario (I) - Marcelo Birmajer - Zenda
La mujer que entró al despacho de Borgovo, sobre la calle Posadas, avenida Bioy Casares, no parecía de ese tiempo. Ni de ningún otro. Un rodete de platinado cabello cano se elevaba desde su cabeza como un hierático símil de algodón de azúcar. —Mi nombre es Batsheva —le dijo al detective vocacional—. Ya han pasado sesenta años. Probablemente sea hora de saber la verdad.
El mago - Marcelo Birmajer - Zenda
Ezequiel arribó a las costas de Surinam en una pequeña embarcación dispuesta por la Organización Universal de Magos, para concurrir a la Academia Central. Hasta los 30 años, su edad en curso, Ezequiel había oscilado entre distintos accesos al conocimiento, labores y relaciones, sin encontrar nunca una dirección, un sentido, una sincronía entre sus pulsiones y las circunstancias. Ni un amor bilateral, ni un trabajo convocante, ni un éxito personal.
Enigma de autor - Zenda
Este marzo que termina leí dos libros espectaculares. Cora, de Jorge Fernández Díaz y Padre Mugica, de Ceferino Reato. Fernández Díaz alterna desde hace décadas entre el periodismo, el ensayo y la ficción. Yo me inclino muy particularmente por sus novelas.
El compañero de mesa
Primera parte Al regresar de la fiesta del sesenta cumpleaños de Cabral, su ex compañero del secundario, Lisandro se sorprendió por su bienestar: había elegido los mejores canapés y en cantidades módicas. También se moderó en el vino: apenas una copa de una cosecha extraordinaria. Durmió con una calma mística y despertó rejuvenecido.
La voluntad del mar
El profesor Cardamomo admitió finalmente que Malena no volvería a dirigirle la palabra. Durante siete años, Cardamomo había cautivado a las audiencias de todo el mundo con su streaming submarino: una odisea por las profundidades del mar, con invitados célebres. El máximo de rating, 22 millones de personas, lo había conseguido en la cena de pulpo crudo con la familia real y el ídolo pop Godzila.
Los Pachanga - Marcelo Birmajer - Zenda
Nunca sabré cuántas veces visité México. En cada regreso desconozco completamente los lugares donde ya estuve. No me puedo mover si no es por medio de los transportes que me envíen los organizadores. Nunca viajé por mi cuenta. En aquella ocasión, me acompañaba el gran escritor mexicano Antonio Ortuño (recientemente se ha adaptado al cine su novela Recursos humanos, protagonizada por Juana Viale). Nos encontramos inicialmente en Guadalajara, apunta Ortuño: la Feria del Libro, circa 2016.
El sueño eterno - Marcelo Birmajer - Zenda
Kissinger irrumpió furioso en el despacho secreto del Comité de Asuntos Chinos, no muy lejos de la Oficina Oval, pero oculto a la vista de cualquier personal ajeno a la entente. —Se quedó dormido —bramó el Secretario de Estado—. Arnold se quedó dormido. Sus colaboradores no sabían a qué se refería. Kissinger asumía que el resto de los mortales calibraban las circunstancias con su misma rapidez.
La noche de los asesinados
Me había prometido a mí mismo nunca más enviarle a un productor una idea. Solo un guión terminado: que lo aprobara o rechazara ipso facto. Pero la suerte, tan esquiva para cumplir nuestros anhelos, es ubicua para eludir nuestras promesas. En aquel vernissage, mientras le contaba el borrador de la trama a un amigo, otro de los integrantes de la ronda se presentó como productor. En rigor, alguna vez había oído hablar de él, vivía en Miami, pasaba por Buenos Aires por un negocio vitivinícola.
En la orilla - Marcelo Birmajer - Zenda
Ayelén y Luciano se preguntaban en qué momento había comenzado la decadencia y posterior ruptura de la pareja. Hacían las cuentas de su romance de un lustro. Se habían gustado, amado, acompañado. Si tantas parejas no podían explicarse qué las había unido, o el secreto de la permanencia a través de las décadas, Ayelén y Luciano se formulaban la pregunta opuesta: ¿qué fue lo que salió mal? Era la hecatombe de Chernobyl sin error humano.
Quique - Zenda
Inusualmente, en la clase de Historia, la profesora había recurrido a una novela: Madame Bovary, de Gustav Flaubert. Nicolás, que prácticamente no había intervenido a lo largo del curso, cuando Estela invitó a los alumnos a comentar o preguntar, levantó la mano. Con una sonrisa de aceptación, Estela le dio la palabra. —Aunque ya había leído la novela en español —explicó Nicolás—, recién en esta segunda lectura me animo a sugerir que existe un malentendido respecto de Madame Bovary.
Entre líneas - Un cuento de Marcelo Birmajer - Zenda
A fines de los años 80 del siglo XX, un abogado de cierta fama política, integrante de alguno de los grupos de la izquierda peronista simpatizantes —más que participantes— de la lucha armada, cercanos a Montoneros, a las FAP, a las FAR, a toda la retahíla de siglas, Ignacio “Chiche” Gopo, exiliado cómodamente en París, había publicado un libro contra el “colaboracionismo artístico e intelectual” durante la dictadura del 76/83.
Sansón - Marcelo Birmajer - Zenda
El sol amagaba con abandonar el barrio del Once, como en aquellas escenas bíblicas en las que su presencia o ausencia define la suerte de la batalla. Ezequiel, de once años, apuraba sus pasos en las últimas horas de luz: la peluquería cerraba a las siete. Aún oculta la primera estrella; tras el corte obligado del cabello, comenzaría el shabat. En uso de su licencia escolar por pediculosis —primeros años 70 del siglo veinte—, se le prescribía el corte al ras antes de regresar a clase.
Todo terminó - Marcelo Birmajer - Zenda
Aquella mañana Robles despertó con la decisión de poner punto final a la relación con Agapita. Habían sido cinco años maravillosos: dos de noviazgo y tres de casados. La belleza de Agapita continuaba indiscutible: su piel, su cuerpo, sus rasgos. Aún joven, se anticipaba una mujer que embellecería con el transcurrir de su vida. No se habían convertido en padres. Era el momento propicio para bifurcar sus destinos.
Otra entrevista con Kissinger
Promediando el 2000, Javier Mossen había entrevistado al célebre ex secretario de Estado: el texto resultante, inicialmente pensado para formar parte del libro Entrevistas ficticias a personajes reales, se publicó finalmente en el segundo volumen de Historias de hombres casados —Nuevas historias de hombres casados— con el título Una entrevista con Kissinger, en 2001, poco antes del estallido de la gran crisis argentina.
El adivino - Marcelo Birmajer - Zenda
Durante dos años trabajé para una publicación que ya no existe, en una provincia, alejado de todas las personas y los sitios que hubiera conocido hasta aquel momento. Como De Niro en Érase una vez en América, durante aquellos dos años me fui a la cama temprano. En un período determinado de tiempo, es más fácil olvidarse de uno mismo que de otra persona. En la redacción trabajaba un redactor de la sección Chismes que sabía cómo terminaban los partidos de fútbol.
Historias perdidas
Borgovo permitió que el conserje de librea se encargara de su equipaje. Lo incomodaba, pero era un ritual del hotel cinco estrellas, y respetaba los cultos ajenos. El Mirage Hotel pertenecía a Ángela Chester, su compañera de colegio primario. Se habían conocido en tercer grado, a los ocho años. Ahora tenían 60. Ángela Chester había invitado al grupo completo de ex alumnos de aquel curso. Asistieron 17, de los 28 originales. 6 fallecidos, 3 ausentes con aviso, dos inhallables.
Caos - Marcelo Birmajer - Zenda
Nunca me he sentido cómodo en los museos. Quizás por el clima solemne, o la presión por admirar los cuadros. O el murmullo de las gentes, que no es diálogo ni silencio. Sencillamente me los pierdo. He visitado muchos de los más relevantes, en distintas partes del mundo. Y no recuerdo haber regresado a alguno, aun cuando el destino me situara nuevamente en Ámsterdam, París o Madrid.
La mascarada - Marcelo Birmajer - Zenda
Releo China, de Henry Kissinger, y repaso un subrayado de la primera lectura: “… la rebelión Taiping (1850-1864), organizada en el sur por una secta cristiana china”. Dicha rebelión contra el Emperador de la dinastía Quing fue liderada por un hombre chino que se postulaba como el hermano menor de Jesucristo, y cuyo lugarteniente era otro sectario chino que aseguraba poseer poderes telepáticos. Por obra de este alzamiento, de un lado y del otro, murieron decenas de millones de chinos.
El otro Golem - Zenda
Mossen había llegado a Karlovy Vary, en la ex Checoslovaquia, financiado por un enigmático judío francés residente en Israel. El señor Meguil, su mecenas, por llamarlo de algún modo, hablaba el español en un acento castizo, propio de Sefarad, la España de oro previa a que sus ancestros fueran expulsados, como si el edicto de los Reyes Católicos nunca hubiera existido. Era el castellano prístino y a la vez coloquial de Cervantes, hablado como por Fernando Fernán Gómez.
Las torres de Lozbel
Irineo Cocker disfrutaba de su recién adquirido buen pasar, con un Martini a la vera y Ema aguardándolo en el cuarto. Su casa, en aquella isla paradisíaca, apenas si cumplía con la norma de seguridad de estar cerrada, sin traba ni llaves. Más para que no entrara algún animal perdido que por temor a un intruso humano. Por eso se abrió como por el viento, pero entró el profesor Lozbel. Irineo tardó un instante aún en dejar de escribir en su máquina portátil y sonrió sin amabilidad.
La escultura - Marcelo Birmajer - Zenda
De entre mis muchas limitaciones, debo señalar la incapacidad para apreciar una escultura. No una en particular, sino cualquiera; del mismo modo que soy involuntariamente insensible al jazz, a la ópera, a la música clásica. Desde niño, hubiera preferido conmoverme con las bellas artes; ya solo me resta confesar mi cortedad. Me habían invitado a una isla caribeña, cuya existencia misma ignoraba hasta recibir la invitación.
El compañero de asiento
Era la primera vez que viajaba en una aerolínea mexicana, y el paisaje humano lo sorprendió. Hombres morenos con narices en noventa grados, labios gruesos color cacao. Mujeres con bigote y fuertes paletas dentales. «Nada ha cambiado», se dijo Mossen. «El imperio azteca es el imperio azteca. Volamos en un pájaro de fuego. Del mismo modo volaban los antiguos dioses de esta gente». En la espera del abordaje, había descubierto a Asunta, la viuda de Valladares. Joven para viuda, madura como mujer.
El meñique El meñique
Finalmente los Invasores habían atrapado a David Vincent, el único humano al tanto de sus planes de conquista de la Tierra y destrucción de la humanidad. Ya no quedaban enemigos de relevancia para los extraterrestres. Sin embargo, se resistían a ejecutar a Vincent. Algo en él los cautivaba. Como si el único humano al que no habían logrado engañar, pudiera proporcionarles algún tipo de secreto para su nueva existencia en el nuevo planeta.
En un tren - Marcelo Birmajer - Zenda
Fue tal el alivio de conseguir pasaje en tren, en vez de en avión que, por un instante, cuando escuchó el chirrido sobre los rieles, sintió un rezago de felicidad. Como si el tren lo alejara de la certeza de haber sido olvidado; en un viaje hacia otro destino, donde el sentido de su vida ya no dependiera de la memoria de Katia.
Un secreto - Marcelo Birmajer - Zenda
He pensado que para el Día del niño puedo regalar a mis lectores un secreto. ¿Han oído hablar de la Bella y la Bestia? La Bella era una muchacha, muy dulce y bondadosa, que un día entró en un jardín privado a recoger una flor para su padre moribundo. Pero el dueño del rosal era un príncipe hechizado, convertido en una Bestia, y retuvo a la joven consigo, para hacerle pagar la culpa del robo, en rigor frustrado.
5 fábulas salvajes de Marcelo Birmajer
Una colección de fábulas con y sin moraleja, algunas de las cuales revisan los relatos de Esopo, La Fontaine o Samaniego… variando su desenlace. Zenda reproduce 5 de las Fábulas salvajes de Marcelo Birmajer. LAS RELACIONES PELIGROSAS Una cierva se enamoró de un tigre. Temía acercarse a su amado, eficaz cazador. Cierta tarde, decidida a morir devorada antes que de amor, oculta tras unas ramas, dijo a su amado enemigo: —Oh, tigre, te amo. Dame una oportunidad. Mírame y permíteme escapar si no te agrado.
La lucha de Yaakov contra el Ángel
Zenda publica «La lucha de Yaakov contra el Ángel», un relato inédito de Marcelo Birmajer, autor que acaba de publicar La remera del che y otros cuentos políticamente incorrectos en Argentina. *** Libro del Génesis – Parasha Vaishlaj 32 / 17:33 23 Esa noche se levantó y tomó a sus dos mujeres, sus dos sirvientas y sus once hijos, y cruzó el vado de Iabok. 24 Y cuando los tomó y les hizo cruzar la corriente, envió del otro lado todas sus posesiones.
La mujer de sus sueños
La primera vez que soñó con ella, aunque sus formas lo cautivaron, su voz lo desarmó y despertó sobresaltado, la curiosidad ganó la partida: ¿de dónde la conocía? ¿La habría visto en alguna ocasión fugazmente? ¿Atendería algún comercio de por la zona? ¿La habría cruzado en algún evento? Joaquín era vendedor corporativo de rodamientos y adminículos de maquinaria agrícola, hacia el interior y el exterior del país; las posibilidades eran tan vastas como el planeta.
La voz de los muertos
Como un sabio e irónico explorador en los nutridos campos de la hipocresía, los relatos de Marcelo Birmajer desenmascaran los subterfugios y el relato de los paladines de la utopía. Lo hacen con dosis parejas de inteligencia y humor. Paradójicamente, en este caso la ficción literaria recupera un cierto sentido común, observando estupefacta a personajes que sin temblar ni dudar defienden lo indefendible.
La botella - Zenda
El hombre alto y robusto apoyó su valija en la balanza, junto al mostrador de la compañía aérea. La empleada hizo el gesto clásico de exceso de equipaje. El hombre giró hacia Diego, que aguardaba sin ansiedad su turno. —Señor —dijo el individuo a Diego—. ¿Tendría usted lugar en su valija para llevarme un par de cosas? —Ningún problema —replicó Diego antes de pensarlo—. Está casi vacía. Llegué con ropa vieja y la fui dejando por el camino. —Me llamo Eugenio Moliere.
La calavera - Zenda
Las circunstancias por las cuales llegué a conocer esta historia son tan carambolescas —no rocambolescas, que refiere más a lo aventurero que a lo insólito o azaroso— que necesito de ese neologismo para describir el efecto de bola de billar chocando alocadamente contra los bordes de paño verde antes de entrar insospechadamente en la buchaca.
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