Mientras mira el celular para ver si hay notificaciones, se mete en la cama. Su marido le da besos. Ella accede, pero no quiere nada más. “No es que no me guste, pero me cuesta conectar porque llego muy cansada del trabajo. Muchas veces apuesto por algo rápido como para cumplir”, explica una mujer porteña de 38 años, casada, sin hijos y con un alto cargo empresarial.