En un país como España, donde el aceite de oliva forma parte del ADN gastronómico, parece casi un milagro —o una casualidad feliz— que podamos disponer de la grasa vegetal más saludable y sabrosa del mundo a precios que, comparados con su valor nutricional y culinario, resultan irrisorios. Este oro líquido, base de la dieta mediterránea, no es solo un ingrediente más: es un símbolo cultural que riega nuestras ensaladas, sofritos, guisos y hasta repostería.