Considerar algunas creencias de movimiento como verdades absolutas, como que el ejercicio de fuerza es lesivo o que el yoga es la mejor rutina para trabajar la flexibilidad, puede ser un gran error cuando buscas mejorar tu condición física. En términos de entrenamiento, no hay dogmas posibles porque cada cuerpo es un mundo y, además, un mismo cuerpo puede ser completamente diferente según la etapa vital en que se encuentre.