Las familias monoparentales, formadas por un único progenitor, asumen su día a día de forma diferente a cuando se comparte la crianza en pareja. El padre o la madre tiene que asumir todas las tareas de la casa, trabajar y educar a su hijo (o hijos) de manera independiente. Esto provoca que, en muchas ocasiones, no se tenga todo el tiempo que se desee para estar con el pequeño.