Nunca había visto algo así. En La Guaira, a tan solo horas del terremoto, todo era un infierno en vida. Los edificios derrumbados, la gente corriendo, las víctimas atrapadas, los buenos ayudando, los malos robando, las autoridades aturdidas y nosotros, los periodistas, confundidos. Dantesco. Después de haber cubierto el terremoto en Haití, pensé que estaría preparado para cualquier episodio. Pero nada me había alistado para lo que registré en Venezuela.