Las obras del Faro Santander, el futuro centro cultural del Paseo Pereda, han sido, probablemente, las más difíciles de terminar que se han visto en España desde la pandemia. Todo ha sido un problema: el suelo de los cimientos, ganado al mar durante el siglo XIX, es de barro en su primera capa bajo la losa y de una caliza durísima debajo. Los edificios vecinos están a 10 metros exactos, de modo que apenas ha habido espacio para maniobrar y para retirar los escombros.