EL incansable y romántico viajero Richard Ford apuntó con gran acierto que “no existe ninguna invención humana que genere tanta felicidad como una buena taberna”. También sabemos que pasó por Grazalema. Así que siguiendo sus pasos aquel luminoso día de primavera, uno va al volante por los sinuosos caminos que llevan a la Sierra y me acordaba de aquellos días lluviosos ya lejanísimos, todavía presentes en el asfalto. ¡Diantres! Y siempre con la misma fascinación del forastero viajante Ford.