Dos son las principales aportaciones de los artistas asturianos a la escultura geométrica española de la década de 1960, dentro de un común interés por el espacio. Uno formal, cuando Joaquín Rubio Camín introduce, a partir de 1963, el uso de angulares de acero, que convierte en elemento único de sus esculturas al advertir su capacidad morfo-espacial de escultura mínima por estar dotada de un espacio cóncavo y otro convexo.