El giro a la derecha en América Latina no debe entenderse únicamente como una alternancia electoral, sino como una transformación del paradigma regional de gobernanza. El proceso refleja un hartazgo de la ciudadanía de gobiernos populistas enmarcados en escándalos de corrupción, malos resultados en materia de seguridad, controles migratorios, crecimiento económico y combate al crimen organizado trasnacional.