Por fin rodó el balón. Después de semanas de tensión, incertidumbre y el fantasma latente de un boicot que amenazaba con empañar la fiesta, México inauguró su Copa del Mundo. Los amagos de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), cuyas movilizaciones y bloqueos buscaban colapsar la capital en protesta por el incumplimiento de los acuerdos federales —particularmente la abrogación de la Ley del ISSSTE—, mantuvieron al país en vilo. Sin embargo, la sangre no llegó al río.