En el mundo del branding y la comunicación empresarial, nos enseñaron -casi a fuego- que la marca debe ser un faro de certeza absoluta. Nos dijeron que proyectar una imagen de perfección inquebrantable, donde cada respuesta es inmediata y cada proceso es impecable, es la única vía para ganar autoridad en el mercado. Durante décadas, la perfección fue el estándar de oro. Pero hoy, en 2026, el panorama cambia drásticamente y esa armadura brillante empieza a mostrar grietas.