La gente dice que soy apenas un maestro de secundaria. ¿Qué voy a ser filósofo yo?”, era lo que me decía el maestro Secundino Núñez. Se reía al contarlo. Y, además, agregaba: “Mi nombre luego lo dice: soy Secundino, segundón. Apenas recojo y sintetizo lo que otros han pensado”. Esa frase lo resumía toda la humildad de un sabio. En un país como el Paraguay, donde la filosofía y, más aún, la filosofía cristiana no ha sido particularmente fértil, el testimonio del Dr. Núñez es importante recordarlo.