Hay bicicletas que llegan con las cubiertas desinfladas, la cadena oxidada y años de abandono encima. Permanecieron durante tanto tiempo apoyadas contra una pared o escondidas en el fondo de un patio que cualquiera pensaría que ya no sirven para nada. Pero Diego Paulete las mira distinto. Donde otros ven chatarra, él imagina a un chico pedaleando por primera vez, el camino hasta la escuela o una tarde de juegos.