En un lugar apartado, rodeado de montañas, el miedo organiza la vida cotidiana. Las autoridades no se eligen por la vía democrática, se imponen. Grupos armados patrullan caminos, obligan a familias a abandonar sus hogares, ajustan cuentas con quienes consideran enemigos y, en los hechos, ejercen el control. La presencia del Estado es intermitente, y, en ocasiones, se ha limitado a repartir ayuda humanitaria. Allí, el calendario democrático se detuvo.