CNN Español — Karla Jacinto tenía apenas 12 años cuando fue obligada a trabajar en un burdel en México. Recuerda lo indefensa que se sintió el primer día que la vendieron a “clientes” en Guadalajara. “Lloré, grité, supliqué ayuda, y nadie me escuchó hasta que llegó un punto en el que mis emociones comenzaron a apagarse”, dijo. “Y lo único que hice en ese momento fue cerrar los ojos después de ver al primer cliente, al segundo, al tercero, hasta que se volvieron decenas”.