La voz de Nahum B. Zenil hipnotiza no solo por su cadencia. Al escucharlo, sus obras cobran volumen, como si las palabras fueran dibujando las búsquedas plásticas y humanas, entretejiéndose con las políticas y sociales. Están en su creación, bitácora de vida de un artista y de un hombre que siempre ha deseado ser partícipe “de la comunidad humana”. Es el deseo que hierve cuando contemplamos El límpido espejo de mis ojos (1968-2025), que se presenta en el Museo Universitario del Chopo.