Hemos creado una cultura laboral que premia el rendimiento, pero ignora la estructura interna necesaria para mantenerlo. Eso es un problema, sobre todo para nuestros mejores empleados. Trabajé como agente deportivo durante casi dos décadas, y esto es algo que presencié con frecuencia: un mal partido, una mala racha, no pasar el corte… y un atleta en la cima de su carrera se venía abajo. No se debía a la falta de talento o ética laboral.