“Our progress toward a Kardashev Type II civilization… We are very, very, very far from even having a billionth of the Sun’s energy.” — Elon Musk Imagina una antigua planta de energía —Seaholm, en Austin— con ladrillos pesados y chimeneas mudas: un templo al carbón que alguna vez devoró la noche para dar luz. Ahí, el sábado pasado por la noche, Elon Musk encendió otro fuego. No con carbón. Con silicio y sol perpetuo.