Siento una necesidad profunda de ternura, de encuentro verdadero, de posibilidades de luz. Es una pulsión que siempre ha estado en mí, pero últimamente la percibo con una intensidad distinta: no como un deseo ocasional, sino como una presencia que me habita y me convoca cada día. Es una llamada suave y persistente que orienta mi mirada y afina mi sensibilidad. Quizá por eso las películas que elijo no responden tanto a criterios de prestigio, de corrección o de "lo mejor" según otros.