El pequeño local miraflorino donde empezaron fue el único que pudieron alquilar. Entraban 18 personas como máximo. No hubo oportunidad a mayor elección, ni tampoco oferta disponible: ninguno de los tres tenía historial crediticio, ni las credenciales para que inversores o socios quisieran depositar capital en el proyecto. Eso, sin contar que Lady Bee nació en plena pandemia.