Llevo años queriéndome casar. ¿Por qué? Por lo obvio: amor y derechos. Pero, sobre todo, por unir a todas esas personas a las que es imposible juntar en el mismo espacio-tiempo. Porque las amigas están repartidas por el mundo, porque vivir ‘cerca’ en una gran ciudad también es lejos y porque es complicadísimo cuadrar agendas en plena era del gran agotamiento donde todo el mundo (obvio) está agotado.