La muerte prematura de Georges Bizet, cuando el compositor tenía 36 años, le impidió sospechar la relevancia que tendría en la posteridad una de sus creaciones: Carmen, la ópera basada en el libro de Prosper Mérimée. El estreno, el 3 de marzo de 1875, apenas tres meses antes del fallecimiento del músico, no apuntaba precisamente a la gloria: el auditorio receló de la libertad de una heroína que se entregaba con pasión a la vida y no se sometía a las convenciones.