Oh, Señor, haz que acabe de una vez la corrupción que tanto nos irrita y desespera. Fulmina a los corruptos, tú que sabes quiénes son y serán, pues que sólo tú conoces el fondo del corazón humano; sólo tú sabes dónde esconden su botín: las cuentas corrientes y las sociedades pantalla, paredes, cajones, armarios y dónde hay muestra de pecado, en billetes de cincuenta, de cien o de quinientos.