El escenario es casi universal: caminas con determinación hacia la cocina, cruzas el marco de la puerta y, de repente, te detienes. Te quedas mirando la nevera o la mesa con una sensación de vacío absoluto. No tienes la menor idea de qué ibas a buscar. Te das la vuelta, regresas a la sala y, casi mágicamente, el pensamiento vuelve a tu mente: ibas por un vaso de agua. Este tipo de olvidos temporales y repentinos son una de las experiencias más comunes y frustrantes de la vida diaria.