En medio del ritmo acelerado del día a día, cada vez resulta más difícil dedicar unos minutos a uno mismo. Entre las jornadas de trabajo, las responsabilidades familiares y las prisas constantes, escuchar lo que necesita el cuerpo queda muchas veces en un segundo plano. El descanso, el movimiento o simplemente parar un momento pasan a ser pequeños lujos dentro de una rutina que rara vez da tregua. Cristina Giner nunca imaginó que el yoga acabaría ocupando un lugar tan importante en su vida.