Capítulo I Cuando desperté, Yeshúa no estaba echado a mi lado. Lo supe porque lo busqué a tienta y sin suerte en la estera. Se sentía aún la tibieza de su cuerpo en la manta y, como una revelación, ese aroma a aurora que de él emanaba… Y entonces, me di despacio a recordar como lo conocí: … No fui por él. Ni siquiera sabía que él estaría allí. Fui porque no podía más con el ruido del mundo.