Cuando Facebook todavía era una startup con pocos empleados y una estructura incipiente, la empresa enfrentaba un problema concreto: faltaban manos para sostener el ritmo de crecimiento. En ese contexto, Mark Zuckerberg recurrió a alguien de extrema confianza para cubrir funciones estratégicas. Así fue como su hermana, Randi Zuckerberg, se sumó a la compañía en una etapa temprana, una decisión que marcaría su carrera profesional y le permitiría construir una fortuna de varios millones de dólares.