En apenas dos décadas, alquilar un piso en Alicante ha pasado de ser una opción relativamente asumible para la mayor parte de la población a convertirse en una de las principales fuentes de presión sobre la economía doméstica. La ciudad ha recorrido un ciclo completo: precios moderados en los años previos a la crisis, una caída prolongada tras el estallido inmobiliario y, finalmente, una escalada intensa que se ha acelerado especialmente desde 2022.