York, Pennsylvania– En una tarde reciente, Alex Bond estaba parado afuera de su casa en York, Pennsylvania, enumerando los temas políticos que más le preocupaban. Después del precio de la gasolina y los impuestos, mencionó los centros de datos: los enormes almacenes que consumen enormes cantidades de energía para hacer que la inteligencia artificial (IA) funcione. “La IA es terrible”, dijo Bond, un gerente de cuentas de 29 años en una empresa que suministra tobilleras de monitoreo.