La España de Javier Bardem ya está en cuartos. La España de los colores vivos, de los acentos distintos, de las raíces mezcladas y de las identidades que no piden permiso para existir. La España que no se encierra en una sola forma de ser, de sentir o de celebrar. La que entiende que una bandera no tiene por qué servir para excluir, sino para encontrarse. Después de la victoria de la selección frente a Portugal (0-1), Bardem puso palabras a algo que va más allá del fútbol.