Después del silbatazo final, el silencio de los 80 mil aficionados que llenaron el Estadio Azteca sonaba casi tan fuerte como el dolor de todo un país. México terminó su Mundial en casa con una derrota ante Inglaterra, el millonario gigante que llegó a la Ciudad de México con muchos argumentos futbolísticos, pero, también, con el temor de enfrentar a un equipo verde inspirado y con el ruidoso respaldo de su afición.